sábado, 26 de enero de 2013
El Altillero de Casanova
- De pronto, solo se escuchó un chirrido, y el sonido de un golpe resonante en la madera… -
Era un frío día de verano, extrañamente la señora Gómez no había vuelto de hacer sus compras semanales, tan rutinarias eran estas compras que conocía a todos los profesores del colegio de música que quedaba en la esquina del supermercado Japonés, que salían todos los días a las 18:20.
Indefectiblemente, su esposo la esperaba en la puerta del supermercado, por las múltiples salideras del mercado que había sufrido, pero ese día tuvo que quedarse hasta tarde en el trabajo, era una vieja oficina de la agencia de correos del barrio, y ya que las fiestas se acercaban muchos de los empleados se debían quedar después de hora para organizar los constantes envíos y paquetes, claro, controlando la seguridad ya que no era extraño que en las angustiantes oportunidades laborales en Casanova la gente se dedicara a negocios sucios, entre ellos el narcotráfico, del que lamentablemente Ricardo, el hijo de la pareja, fue inculpado, ya que por un error en el cabotaje, había cambiado su maleta por la de otro sujeto, apellidado Di Lucca, el cual traficaba éxtasis, mucho éxtasis, suficiente para atontar a toda Córdoba, en esos tiempos no era tan fácil pasar por la seguridad aeroportuaria, así que quedó detenido en el aeropuerto, hasta que comprobaron que la maleta y el contenido tenían anotados los datos del que la transportaba, se notaba que era novicio en el negocio, ningún traficante en su sano juicio registraría a su nombre una maleta con veinte kilogramos, pero se ve que el sujeto guardó rencor, ya que durante seis meses luego de quedar en libertad llegaron cartas escritas a puño y entregadas por el remitente al domicilio del joven Ricardo. Puedo citar una que decía “Non hai bisogno di soldi per pagare quello che ha fatto…”, claro, el sujeto era Italiano, no fue sino hasta dentro de dos meses que ni se molestaron en traducir esas cartas, ya que no tenían remitente, pero eso sería irme de tema.
Como les había comentado, la señora Gómez, madre de tres, perdón, dos hijos, no había vuelto del supermercado, extrañado, el guardia de seguridad que se había echo muy, muy, pero muy amigo de ella, dejó a un compañero que estaba en su tiempo de almuerzo, el que tuvo buena voluntad al cubrirlo, y fue a buscarla, recorrió todo el supermercado, y no había ni la más mínima pista de ella, una anciana con cabellos rojizos y alta para su edad no era demasiado difícil de encontrar, pero aún así no la encontraban, no tenía celular, odiaba la tecnología, así que tampoco se podía contactarla por esos medios. Fue al lugar de trabajo de su marido, con el que estaba casada desde hacía casi 40 años, pero tampoco sabía donde estaba, según él era frecuente eso en ella, desaparecer sin previo aviso y no volver hasta quizás un día después, pero ese no era el caso, aunque ellos todavía no lo sabían…
Luego de varios días, no aparecía, y sin dudarlo dieron aviso a la policía local, la cual se puso a investigar. Primero revisaron una lista de todas las transacciones que había realizado ella, solamente encontraron el pago con tarjeta de débito en el supermercado y un pase de tren eléctrico en las afueras del barrio. Las cámaras de seguridad del mismo dejaron ver que una señora de similares características salía del mismo en la penúltima estación, pero las cámaras de seguridad de la última estación también la registraron, con su inconfundible bolso traído de Egipto. Entrevistaron a cada uno de los recepcionistas de hoteles y departamentos cercanos, y encontraron el número de registro de la señora María Stella Gómez a las 15:24 del día anterior, observando de reojo mientras buscaban el número de habitación, un nombre llamó la atención del policía, Rufus Di Lucca, el que se había registrado apenas una hora luego que la señora Gómez se registrara, curiosamente en habitaciones enfrentadas, según el recepcionista, pedida especialmente por Di Lucca.
Habiendo participado en el curioso caso por homicidio del hijo de la señora, el cual solo se comprobó que fue realizado con un objeto punzante diminuto, de 2 cm de largo y medio de ancho, intuía que el homicida del hijo había ido por la madre, ya que en el negocio del narcotráfico no existen los códigos que existen en el negocio delictivo de los robos, intrigado pregunta el registro de salida de ambos, en el cual no aparece nada más que el del retiro de Rufus Di Lucca, a las 12:00 del día de ayer, aparentemente María Stella Gómez seguía en el cuarto. Cuando entraron por la fuerza al mismo, estaba todo ordenado, a excepción de un pequeño detalle importante para el policía, el que fue que la soga que sostenía la escalera al altillo común de mantenimiento estaba baja, cuando debería estar del lado de arriba, eso solo implicaba que alguien había salido del cuarto de la señora por el altillo, pero no podría ser ella ya que según exámenes médicos no podía subir escaleras.
Investigando el departamento y todos los departamentos que estaban compartiendo el mismo altillo, descubrieron una cerradura forzada, con una curiosa marca en la cerradura, que atravesaba la mitad de la cerradura de 4 centímetros, ¿qué tipo de arma podría haber echo ese trabajo?, se descartó un destornillador o una navaja, ya que no existen en el mercado ese tipo de cosas, charlando con un compañero coleccionista de armas blancas, comentó sobre las medidas aproximadas y el daño causado por la potente arma, y de inmediato el sujeto reconoció una arma típica de la mafia italiana, de nombres variados, que estaba echa de plata y cabía en el costado de los zapatos, inmediatamente pidió que le trajeran un ejemplar, para comprobar su encaje, y era casi perfecto. De inmediato todas las miradas apuntaban a Di Lucca, pero no encontraron nada más que eso en las cuatro habitaciones.
Revisando el historial, el policía pudo improvisar una hora precisa para el ahora supuesto homicidio o secuestro, ya que en un lapso de 20 minutos entre las 15:50 y las 16:10, la habitación forzada estaba desocupada, y solamente había una de las tres con gente, pero eran de mantenimiento y no estaban registrados, justamente hacían el mantenimiento de la habitación, ya que las bisagras necesitaban engrase, en un breve interrogatorio, uno de ellos recalcó un sonido peculiar resonante, como un golpe, y el otro pudo reconocer dos sonidos muy seguidos, parecidos al rechinido de una puerta al abrirse, seguidos del peculiar golpe.
En una de las locas ideas del oficial, abrió la susodicha escalera, que no rechinó, ya que había sido engrasada hace unas horas, subió por ella y la cerró. El encargado de mantenimiento reconoció el ruido, y se lo hizo saber al hombre, el cual, siguiendo la franja de hormigón en el costado del altillo, bajó en la habitación de la señora Gómez, ahora, la pregunta era, si Di Lucca había ido de habitación a habitación, ¿Cómo consiguió las llaves del altillo…? Curiosamente, también estaba forjada la cerradura del altillo en la habitación, pero la del cuarto de Gómez estaba en perfecto estado, eso sólo implicaba que fue abierta con la llave, o que nunca bajó al departamento, por desgracia habían sufrido un corte de luz en los minutos anteriores a la supuesta hora del echo y las cámaras de seguridad necesitan 10 minutos para reestablecerse, lo que da una pista más exacta del horario de acción, interrogando a los posibles testigos, al dueño del almacén de enfrente y al guardia de turno en el patio, nadie había visto nada, excepto el guardia del patio, el cuál había escuchado ruidos sobre el techo, y el horario coincidía con la hora pactada por la evidencia, pero era imposible que una persona hubiera pasado por ahí, ya que eran tejas de poca calidad y se romperían con más de 50 KG, y Di Lucca era un hombre grande, al igual que la señora Gómez, no pudieron haber salido por ahí, sin tener más ideas, el oficial se volvió a la central para eslabonar las pistas, pero seguía habiendo un cabo suelto, casi sin dormir fue al trabajo al día siguiente, el caso lo mantuvo toda la noche despierto, en la central lo esperaba un supuesto testigo, que dijo haber visto a Di Lucca cargar unas cajas aparentemente de cables a una camioneta azul, de chapa PFA 104, como datos extras, el testigo aportó que las había cargado con un riel para llevarlas, sin saber el número de cajas que pudo haber llevado, se dispusieron a averiguar si alguien más había visto algo, nadie, el testigo había olvidado la hora, y en el barrio tenían una hora fija para el cierre de locales, era la típica hora de la siesta, de tres a cinco, y el testigo atestiguó la hora aproximadamente a las 4, coincidiendo con ambos horarios, una alerta en la central la dispuso a rastrear la camioneta con la dicha chapa, el dueño se llamaba Ricardo Villalba Gómez, el difunto hijo de la desaparecida, y trabajaba en una pequeña agencia de repuestos automotrices a dos kilómetros del hotel, siguiendo el rastro del vehículo la encontraron estacionada frente al local, pidieron orden de requisa urgente a la misma y mientras se tramitaba quisieron entrar al local para interrogar al dueño, pero abría a las 19 y cerraba a las 22, y eran 22:15. Volvieron al día siguiente.
Llegaron al lugar a tiempo y luego de unos minutos de charlar con el vendedor, el dueño llegó en su Lexus negro, un auto bastante caro para un dueño de negocio de barrio, el dueño, apellidado Carrizo, no tenía empleos secundarios y el dinero había sido conseguido por una donación que realizó una familia, la cuál no dejó nombre ni dirección, la camioneta no tenía chofer fijo, ni tampoco tenía uso de reparto, el local no poseía servicio a domicilio, ¿Para qué tantos cables de auto?, el negocio no vendía cables más que los usados en los vehículos terrestres, que tenían resistencia y grosor particular único para autos, motos y camionetas, ¿Por qué querría mil metros de cable de auto?, la camioneta estuvo ahí durante la hora que fue planteada por el oficial, y las cámaras de seguridad lo corroboraron, cuando quisieron ubicar al testigo, el número de teléfono daba desconectado, y la agencia telefónica planteó que ese número había sido dado de baja hacía tres años, no pudieron encontrar las huellas ya que el sujeto levaba guantes, era motociclista, y su rostro no salía en ninguna de las cámaras, se les había escapado un posible cómplice, perdieron un día entero siguiendo las falsas pistas de un testigo comprado, igualmente la orden de requisa estaba echa, pero no servía de nada ya que no había forma de que lo que el testigo dijo fuese cierto… Frustrado, el oficial se dirigió de nuevo al hotel, y sentado en la cama de la habitación de la señora Gómez notó algo extraño en el techo que no había notado en la primera revisión, una marca en una de las vetas de la madera, pero no decía nada, pero una inquietud lo atrapó, ¿Por qué la soga estaba baja?, si al subir se puede tranquilamente tener con otra soga, una llave, o lo que fuere para que quede arriba y nadie lo note, lo que puede ser, que tuvo que salir muy apurado o que sea una pista plantada, alguien que vea la soga baja de la escalera sospecharía de que alguien había entrado, así que es dudoso el apuro, por que hubiera sido atrapado al salir por la puerta del departamento, revisando todo el lugar, y planteando distintas hipótesis, la única que prevalecía era la de los ductos de ventilación, ¿Pero cómo podría salir por ellos sin hacer ruido?, y tenían una curva hacia arriba al final, que daba a una rejilla, no pudieron haber salido por ahí amenos que la hubiesen desarmado, pero el ruido sería evidente… Al revisarla, los remaches que la aseguraban estaban nuevos, y los de la rejilla estaban bastante viejos, no había registros de mantenimiento ni de que hubiesen sido cambiados, así que era obvio que habían sido forzados, pero, ¿Cómo detendría la caída de seis metros?, un casual incendio a unas calles de ahí en el momento del echo había sido apagado por los bomberos justo dentro de los márgenes horarios impuestos por el oficial, haciendo trabajo de detective, el incendio dejaba de ser tan casual y empezó a parecer provocado, aunque las pericias dieron que fue provocado por derrame de alcohol sobre la mesada de la cocina, aparentemente por accidente al limpiar un artefacto en la misma, la hora, el ruido del camión de bomberos y el lugar lejano al guardia hicieron del ducto el mejor lugar para escapar, ¿Pero cómo?, los remaches de aluminio tienen menor punto de fusión que la chapa de acero del ducto, lo que pudo ser una ingeniosa idea para derretirlos, pero se hubiera necesitado un soplete, ya que un simple soldador no llega a esas temperaturas, el intrigado oficial no notó marcas de fuego ni de quemaduras en la chapa, ni de adentro ni de afuera, lo que sólo pudo significar que no habían sido forzados, pero el perfecto estado de los mismos daba a entender otra cosa, la idea prevalecía, y el terco oficial insistía con la idea del ducto, revisando en Internet encontró un raro método para cocinar comida hervida en muy poco tiempo, el que consiste en meter un tubo de metal con centro de cobre al agua, el cual tenía por fuera 500 grados, pero que en el núcleo de cobre alcanzaba 2500 grados, por su puesto, el artefacto era completamente ilegal e inseguro, pero pudo ser la forma de derretir los remaches, el oficial compró uno pagando de su propio bolsillo, la policía no iba a apoyar esa demente idea, y era perfecto, sacándole la cubierta de metal no dejaba residuos de aluminio ya que se pegaba al núcleo de cobre ni quemaba el resto, pero no pudo hacerlo solo, ya que al sacar el tercer remache la chapa se empezó a doblar, alguien debió ayudarlo, atrás del hotel había un pasaje pequeño en el cuál había un paredón de una antigua fábrica de zapatos abandonada, el hijo del oficial era un aficionado al longboard, una tabla de madera sobre soportes móviles de acero con ruedas de silicona, probándolo en el ducto, pudo soportar el peso del robusto oficial sin hacer casi ruido debido a las ruedas de silicona, lo tenían, recreando el supuesto echo, el oficial se dirigió al cuarto de la señora, bajó por el altillo, lo cerró y se sentó en la cama a escribir las conclusiones…
Cuando de pronto, sólo se escuchó un chirrido, y el sonido de un golpe resonante en la madera, el suelo de caoba manchado con un fluido espeso tono bordó fuerte y una lapicera que rodó hasta salir por debajo de la puerta…
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